🔬 El valor de los avances que sostienen la vida diaria

Hoy queremos detenernos en una fecha que no suele aparecer en los libros de texto con letras grandes, pero que cambió la vida de millones de personas.

En enero de 1922 se utilizó por primera vez la insulina como tratamiento para la diabetes. Hasta ese momento, para muchos niños y niñas la enfermedad era una sentencia. A partir de entonces, pasó a ser una condición con la que se puede vivir, aprender, trabajar y proyectar el futuro.

Puede parecer un dato lejano, casi técnico. Pero no lo es.

Gracias a aquel avance, hoy Mery puede entrar cada mañana en las aulas del Instituto, explicar, escuchar y acompañar a su alumnado con la tranquilidad de saber que la ciencia respalda su cuidado. Reyes, alumna de 1.º de ESO, puede venir al centro, aprender con sus compañeras y compañeros y pensar en todo lo que aún tiene por delante. 

En nuestro Instituto conviven a diario alumnas y alumnos, profesoras y profesores que, como tantas personas fuera de estas paredes, viven con alguna enfermedad o condición de salud. Entre ellos, David, Alisson, Samuel y muchos otros alumnos aportan su energía y entusiasmo a la vida del centro. La mayoría de las veces no se ve, no se nombra, pero está ahí. Y precisamente por eso es importante recordar que muchos de los avances que sostienen nuestra vida cotidiana lo hacen en silencio.

La insulina no es solo un descubrimiento médico. Es un ejemplo de cómo la ciencia, el conocimiento y el compromiso colectivo hacen posible que un instituto funcione cada día, que se aprenda, que se enseñe y que la vida continúe con dignidad.

A menudo damos por hecho que el mundo funciona como lo hace ahora. Que venir al Instituto, estudiar, leer en la Biblioteca La Farera, compartir ideas, participar en un club de lectura preparado con ilusión o escuchar otras voces es algo natural. Pero todo lo que se ofrece necesita también una respuesta. La palabra compartida construye; el silencio, cuando se instala, no ayuda. Las ideas necesitan participación para crecer, y si no se ponen en común, acaban apagándose.

El Instituto también es esto: un espacio donde la vida, en toda su diversidad, tiene sitio. Donde aprender significa también comprender, respetar y valorar los avances —materiales y culturales— que nos permiten estar aquí, juntos, cada día.

🧪📚  Porque hay conquistas que no hacen ruido, pero sin las cuales nada sería posible.